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jueves, 26 de marzo de 2015

Neruda y los crepúsculos.

Pablo Neruda y un crepúsculo sobre Cabudare (Venezuela).


Hoy me gustaría hablar de uno de los momentos del día que más interesante me parece. Es un corto periodo de tiempo que tiene un “algo” especial, una especie de magia en el sentido más benigno del término. Estoy refiriéndome al crepúsculo. Aunque  todos sabemos qué es el crepúsculo creo que no sabemos lo suficiente de él. Para empezar, y aunque hemos dado por sabido de qué estamos hablando, vamos a definirlo y en esta ocasión me quedo con la definición que  hace la Real Academia Española de la Lengua porque me parece de una gran belleza. Según esta el crepúsculo es la “claridad que hay desde que raya el día hasta que sale el Sol, y desde que este se pone hasta que es de noche”. Bien, creo que el asunto está claro y todos entendemos a que momentos del día nos estamos refiriendo, y fijaos bien que he dicho momentos porque solemos tender a asociar el crepúsculo  únicamente con la puesta del  Sol.

Antes he dicho que no sabemos lo suficiente de él y es porque suele pasarnos desapercibido el hecho de que no hay un único crepúsculo, dos mejor dicho: el matutino y el vespertino, sino que cada uno de ellos está subdividido en varios crepúsculos. Dicho sea de paso el gran poeta Don Pablo Neruda ya sintió una gran atracción y fascinación por los crepúsculos que le llevó a escribir su primer libro bajo el título de “Crepusculario” nada más y nada menos que a la corta edad de 16 años. Si bien es cierto que a lo largo del libro de poemas nos regala varios crepúsculos su objetivo no es diferenciarlos desde el punto de vista que aquí pretendemos. No obstante recomiendo su lectura para ligar una vez más la ciencia con las letras aunque a mi entender estas no están separadas de ninguna de las maneras.

Una bonita edición de "Crepusculario".

Volvamos pues al objetivo de esta entrada. La sucesión de claridad seguida de oscuridad que configura los días se debe, como no, a la rotación terrestre. Es decir al movimiento propio de nuestro planeta en torno a un eje imaginario Norte-Sur que hace que diariamente el Sol “aparezca” por  el este para “desaparecer” por el oeste. El entrecomillado hace referencia a que no es el Sol el que aparece sino que es la Tierra la que rota hasta que volvemos a ver el Sol que previamente habíamos dejado de ver por el mismo motivo. Bueno bien, ¿y que tiene esto que ver con los distintos crepúsculos? Como hemos dicho el crepúsculo es aquel momento desde que el Sol se pone hasta que se hace de noche y de igual manera por la mañana, es decir desde que empieza la claridad hasta que sale el Sol. Bien, pues cuando analizamos esto más profundamente vemos que el asunto se complica un poco y será esto lo que nos de los distintos tipos de crepúsculos de los que venimos hablando. Vayamos pues…

Para simplificar la explicación vamos a hacer referencia en todo momento únicamente al crepúsculo vespertino dando por hecho que en el matutino ocurre lo mismo. El crepúsculo comienza pues en el momento en el que el Sol se esconde tras el horizonte, esto que  a priori no encierra más misterio vamos a ver como tiene más miga de la que  parece. Cuando el Sol ya ha cruzado la línea del horizonte, es decir en el momento en que  ya no deberíamos verlo aún lo seguimos haciendo  de manera que parece que aún no ha desaparecido tras el horizonte. ¿Por qué ocurre esto? Los rayos de Sol en su camino hacia nuestro planeta tienen que atravesar la atmósfera terrestre y esta actúa como si fuera una gran lente haciendo que los rayos solares se curven de tal manera que podamos verlos cuando el Sol ya se ha escondido tras el horizonte. Pasados unos instantes el sol se oculta por fin tras el horizonte, es decir la puesta de Sol ya ha concluido, pero como habréis podido comprobar en más de una ocasión todavía no reina la oscuridad. Y esto es debido a que el Sol sigue alumbrando las capas superiores de la atmósfera. Es ese momento en el que si miramos al cielo hacia el este lo veremos mucho más oscuro que hacia el oeste (punto por el cual el Sol se ha puesto) donde este último todavía conserva unos colores que produce esos maravillosos crepúsculos  que todos hemos podido disfrutar en más de una ocasión y que tanto inspiran a los poetas. A esta fase del crepúsculo se le denomina crepúsculo civil y finaliza cuando el Sol desciende hasta 6 grados por debajo del horizonte. Cuando el Sol traspasa este límite de los 6 grados ya no ilumina las capas superiores de la atmósfera pero aún no reina la oscuridad total debido a que un poco de luz aún sigue difundiéndose por la atmósfera. En esta fase del crepúsculo empiezan a verse las primeras estrellas (lógicamente dependerá de múltiples factores como la contaminación lumínica entre otros) y lo que es más importante en el mar seremos capaces de poder distinguir aún la línea del horizonte motivo por el cual esta fase del crepúsculo se denomina crepúsculo náutico y terminará cuando el Sol haya descendido hasta 12 grados por debajo del horizonte. A partir de este momento y hasta que el Sol descienda hasta los 18 grados habremos entrado en el crepúsculo astronómico, transcurrido el cual ya reinará la oscuridad y los astrónomos podrán dedicarse a realizar sus observaciones sin que se vean estas afectadas por la luz solar. Se verán afectadas por otras muchas luces provenientes de la contaminación lumínica pero eso ya es otro cantar. De igual manera el crepúsculo matutino se subdivide en los mismos tres tipos de crepúsculos, a saber: el crepúsculo astronómico (desde -18 grados hasta – 12 grados), el crepúsculo náutico (-12 grados hasta -6 grados) y por último el crepúsculo civil (-6 grados hasta que empezamos a ver el Sol).


Subdivisiones del crepúsculo.


Como habéis podido comprobar esto de los crepúsculos encierra más misterio del que parecía lo cual no es impedimento para que podamos disfrutar de ellos sin conocer todo esto, pero si lo sabemos  siempre será mejor. Será un añadido que hará, a mi modo de ver, que gocemos más de cualquier fenómeno natural siendo consciente de la explicación científica que se esconde detrás. Siempre que combino la observación de cualquier fenómeno con su explicación científica tiendo a recordar el reproche que le hacia el poeta Keats a Newton acusándole de haber despojado al arco iris de toda su belleza al haber explicado que “simplemente” se trata de la descomposición de la luz al atravesar un prisma. A lo que responde el grandísimo Richard Dawkins en su libro “Destejiendo el arco iris” que “el descubrimiento de los mecanismos que rigen los fenómenos naturales no sólo no destruye su poesía sino que la ensalza, revelándonos aspectos sorprendentes que de ninguna otra  manera podríamos apreciar o imaginar. Y puesto que andamos hablando de poetas y comenzábamos este post mencionando el libro “Crepusculario” de Neruda que mejor que despedirnos con unos fragmentos de dicho libro que nos hablan de los crepúsculos.


-Helios y las canciones-

Inicial

He ido bajo Helios, que me mira sangrante
laborando en silencio mis jardines ausentes.
[…]

-Los crepúsculos de Maruri-

La tarde sobre los tejados  (Lentisimo)

La tarde sobre los tejados
cae
y cae…
Quién le dio para que viniera
alas de ave?

Y este silencio que lo llena
todo,
desde qué país de astros
se vino sólo?

Y por qué esta bruma
-plúmula trémula-
beso de lluvia
-sensitiva-

cayó en silencio –y para siempre-
sobre mi vida?


Mi alma

Mi alma es un carrousel vacío en el crepúsculo.


Aquí estoy con mi pobre cuerpo

Aquí estoy con mi pobre cuerpo frente al crepúsculo
que entinta de oros rojos el cielo de la tarde:
mientras entre la niebla los árboles oscuros
se libertan y salen a danzar por las calles.

Yo no sé por qué estoy aquí, ni cuando vine
ni por qué la luz roja del sol lo llena todo:
me basta con sentir frente a mi cuerpo triste
la inmensidad de un cielo teñido de oro.

la inmensa rojedad de un sol que ya no existe,
el inmenso cadáver de una tierra ya muerta,
y frente a las astrales luminarias que tiñen el cielo,
la inmensidad de mi alma bajo la tarde inmensa.


-Ventana al camino-

Agua dormida

Quiero saltar al agua para caer al cielo.


Playa del sur

La dentellada del mar muerde
la abierta pulpa de la costa
donde se estrella el agua verde
contra la tierra silenciosa.

Parado cielo y lejanía.
El horizonte, como un brazo,
rodea la fruta encendida
del sol cayendo en el ocaso.

[...]



“Esta entrada participa en laedición LX (marzo-abril de 2015) del Carnaval de la Física cuyo blog anfitrión es ::ZTFNews.”

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lunes, 23 de marzo de 2015

De Arquímedes a Einstein - Los diez experimentos más bellos de la física.





Hoy continuo la tradición que comencé  tiempo ha de reseñar algunos libros que me parecen especialmente significativos sobre todo en lo que a divulgación científica se refieren. La verdad es que soy bastante perezoso y cada vez que termino uno lo voy dejando y dejando hasta que pasa tanto tiempo que pierdo el esquema mental que tendemos a hacer de cada libro que leemos y acabo por posponerlo, es decir aparcándolo definitivamente. Así que esta vez he decidido ganarme la partida a mí mismo y empiezo este post  cuando aún me quedan unas páginas para terminar el libro. Así que vayamos pues con la reseña en cuestión.

El libro que os propongo en esta ocasión es “De Arquímedes a Einstein. Los diez experimentos más bellos de la física” de Manuel Lozano Leyva.  El autor a raíz de una encuesta realizada por el historiador de la ciencia Robert Crease en la revista Physics World dónde se preguntaba acerca de cuáles eran los experimentos más bellos de la historia de la física descubre como la sucesión de todos ellos representa una línea argumental desde hace casi 2500 años hasta nuestros días. Y sin apenas salirse de la citada encuesta encuentra un hilo conductor perfectamente llevado para exponernos y sumergirnos en un relato del progreso científico y por ende de la humanidad.

El libro está dividido en diez capítulos, uno por experimento, si bien el último es una mezcolanza de científicos todos ellos relacionados de alguna manera con el célebre experimento de la doble rendija, que dicho sea de paso fue el que quedo en primer lugar en la citada encuesta. Dentro de cada capítulo el autor nos presenta una breve pero muy bien conseguida biografía del científico en cuestión así como del contexto histórico para que podamos tener una idea lo más acertada posible de las condiciones reinantes en torno a cada experimento. Y os aseguro que en tan pocas páginas lo consigue de un modo ejemplar. Además el autor no se conforma únicamente con que aprendamos y disfrutemos con la  lectura sino que nos propone repetir los experimentos nosotros mismos dándonos las pautas necesarias para realizarlos. Y os aseguro que muchos de ellos se pueden repetir de una manera más o menos fácil, eso sí,  conseguir el mismo grado de exactitud que los ilustres científicos ya es otra cosa como bien nos advierte el autor. No obstante hay que tener en cuenta que nos estaremos enfrentando a los grandes de la ciencia. Esta última parte, la dedicada a repetir los experimentos, me ha parecido especialmente pedagógica y que puede muy bien encajar en el marco de las enseñanzas en institutos. Me parece una muy buena guía para los docentes y una gran herramienta para acercar la ciencia a los alumnos mostrándoles la parte práctica de aquello que estudian  en los libros. Uno de los experimentos, el llevado a cabo por Erastóstenes midiendo la circunferencia terrestre, me parece que podría ser bastante bonito de reproducir porque implica la presencia de dos grupos de trabajo que tendría que intercambiar datos para extraer conclusiones. Este incluso creo que podríamos “robárselo” a los chavales y  llevarlo a cabo nosotros mismos a través de Twitter por ejemplo. Lanzo la propuesta… ¿Alguien se anima?

Volvamos al libro en cuestión y enumeremos  los experimentos. Como hemos dicho se trata de una bella línea cronológica que empieza con Arquímedes y su bañera, prosigue con Eratóstenes midiendo de una manera  magistral la circunferencia terrestre, de aquí saltamos a Galileo midiendo la caída libre de los cuerpos para continuar con Newton y sus prismas. Después le llega el turno al gran Cavendish que nos proporcionará el valor de la constante de gravitación universal para continuar con Young y el carácter ondulatorio de la luz, le toca ahora a Foucalt, sí el del famoso péndulo y después vendrá Millikan y sus gotas de aceite para darnos la unidad de carga eléctrica. Y ya llegamos a Rutherford que indagará en lo más profundo del átomo para acabar descubriendo el núcleo atómico. Y como hemos mencionado antes en el último capítulo con la excusa del experimento de la doble rendija nos acercaremos a los más grandes científicos de los últimos tiempos: Einstein, De Broglie, Heisenberg… etc.

Como podéis comprobar se trata de un paseo de casi 2500 años de duración por los más bellos experimentos de la historia de la física que han permitido que lleguemos a ser lo que somos hoy en día. Prácticamente no podemos dar un paso a día de hoy sin tener que ir agradeciendo a cada segundo la labor de investigación y descubrimiento que la humanidad ha ido realizando desde hace milenios. Cómo la curiosidad (la madre de la ciencia) ha ido tejiendo el camino para que pudiéramos ir creciendo de manera continua hasta nuestros días. Parafraseando a Newton vivimos gracias a todos los hombros de gigantes que nos han permitido que nos subamos a disfrutar.

No he querido comentar de manera más detallada ningún experimento en si porque prefiero dejárselo al autor, yo sólo lo estropearía. Pero si que me gustaría citar unas palabras que hablan de la gran valía como experimentador de Rutherford. De él se dijo que "No prestaba tanta atención a lo que la naturaleza decía como a lo que susurraba. En este sentido, Rutherford fue un artista". A lo que Manuel Leyva añade "Realmente no es más fácil realizar un bello experimento que escribir una gran novela, pintar un maravilloso cuadro o componer una sinfonía".

Así que sin más sólo me queda invitaros a que disfrutéis de la lectura de este gran libro en el que el autor nos regala asientos de primera fila para los experimentos que han marcado la historia de la física y de la humanidad. Os aseguro que el autor consigue que el libro se convierta en una lectura amena, entretenida y divertida. Las historias están contadas de una manera sencilla  pero muy profunda al mismo tiempo y todo ello en capítulos de pequeña duración, treinta páginas aproximadamente. Así que adelante, ¡La historia de la física nos espera!



Ficha Técnica:
Título: De Arquímedes a Einstein (los diez experimentos más bellos de la física).
Autor: Manuel Lozano Leyva.
Nº Páginas: 256
Idioma: Español.
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo.
Editorial: Debolsillo.
ISBN: 9788483463536


Comentario personal:
Dificultad: Sencilla.
Otros: Libro ideal para despertar el gusanillo o tener una visión global y luego profundizar más.


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martes, 17 de febrero de 2015

Del cine a los agujeros negros.





Últimamente han llegado a las pantallas de los cines títulos como "La teoría del todo""Interstellar" que mencionan o incluso hacen uso para sus líneas argumentales de conceptos tales como agujeros negros, agujeros de gusano o incluso dilatación temporal. Vamos a intentar explicar de manera sencilla que se esconde detrás de estas expresiones.

Empezaremos con los archiconocidos agujeros negros. Probablemente, la explicación  más conocida asociada al término es algo así como que se trata de una región finita del espacio-tiempo donde existe una concentración de masa lo suficientemente  grande como para generar un campo gravitatorio tan intenso que no permite que nada escape de él, ni siquiera la luz. Ahora bien, vamos a intentar explicar un poco más por qué ocurre esto, así como la historia del término. Para ello hemos de remontarnos a 1783, que es cuando por primera vez se hace referencia a los agujeros negros de la mano de un filósofo de la naturaleza y geólogo inglés llamado John Michell que llevo a cabo el siguiente razonamiento. Si lanzamos  un objeto  verticalmente y hacia arriba, transcurrido un tiempo este se verá frenado por la acción de la gravedad con lo que dejará de ascender terminando por volver finalmente a la superficie terrestre. Ahora bien, si pudiéramos imprimirle al objeto la suficiente fuerza para superar a la fuerza de la gravedad esta no sería capaz de retenerlo y el objeto en cuestión abandonaría, ahora sí, la Tierra. O dicho de otro modo, lo que hemos conseguido es superar un valor llamado velocidad de escape, que dicho sea de paso es distinto para cada planeta, estrella etc… Por citar algunos  ejemplos digamos que la velocidad de escape en nuestro planeta es de aproximadamente  11 km/s, la de la Luna es de 2 km/s y la del Sol 620 km/s. Como podéis comprobar se trata de unos valores, incluso el de la Luna, lo suficientemente grandes como para que nos resulte muy difícil lanzar un objeto y que este no vuelva. Esta es la razón por la que las piedras que lanzamos desde bien pequeños siempre vuelvan a caer y nunca hayamos conseguido un lanzamiento tal que haga que la piedra no vuelva a caer. Ahora bien  para la luz, cuya velocidad es de 300.000 km/s, podemos comprobar que no resulta ningún problema abandonar la superficie terrestre o de alguna estrella y esa es la razón por la cual recibimos la luz solar. Lo que le llevo a John Michell a argumentar que si existieran estrellas lo suficientemente masivas, muchísimo más que nuestro Sol, llegando a alcanzar velocidades de escape superiores a las de la luz, esta no podría abandonar dichas estrellas quedando de manera inexorable atrapada por su gravedad. Es decir la luz no sería capaz de superar la velocidad de escape de una estrella tan masiva y no podría abandonarla, de igual modo que no podemos lanzar una piedra y hacer que abandone la Tierra por mucho que nos esforcemos. En consecuencia la luz quedaría retenida por la acción de la propia gravedad de la estrella y desde el exterior de esta  no podríamos ver los rayos de luz, es decir lo único  que veríamos sería oscuridad. Michell denominó a estos objetos estrellas negras. Hemos de decir que John Michell llegó a esta conclusión haciendo uso de la gravedad Newtoniana, la explicación que por aquella época se tenía de la gravedad, que interpretaba esta como una fuerza atractiva que poseían todos los cuerpos capaz de actuar a distancia.

Demos un salto ahora de algo más de un siglo, concretamente hasta el año 1915, momento en el que Einstein publica su Relatividad General. En esta, la gravedad ya no es interpretada como una fuerza a distancia sino como el resultado de la trayectoria que se ve obligada a seguir un cuerpo debido a la deformación del espacio-tiempo que provoca la masa de otro cuerpo. Es decir un cuerpo, tal que el Sol, provoca una deformación en el espacio-tiempo que lo rodea obligando a otro cuerpo, tal que la Tierra, a seguir la trayectoria que el Sol "le ha marcado" como consecuencia de la deformación espaciotemporal. Nos encontramos no ya con una acción a distancia "pura", por así llamarla, sino con el fruto de una modificación del espacio-tiempo que nos rodea, que obliga a los planetas, estrellas etc a seguir ciertas trayectorias.


Pues bien, al año de publicar Einstein su teoría, en 1916 un físico y astronomo alemán llamado Karl Schwarzschild trabajando con las ecuaciones de campo de la relatividad de Einstein en torno a un cuerpo supermasivo con una velocidad de escape mayor que la de la luz obtuvo una solución que representaba un agujero negro. Su trabajo tuvo poca acogida entre los cientificos de la época, ya que pensaban que un cuerpo de semejantes características no podría existir. Incluso el mismo Einstein al ver la solución que emergía de sus propias ecuaciones lo interpreto poco más que una curiosa solución teórica pero sin cabida en el mundo real.

Demos un nuevo salto en el tiempo hasta llegar al año 1939, cuando Oppenheimer y Snyder haciendo uso nuevamente de las ecuaciones de la relatividad general realizan una serie de cáculos aplicados a una estrella con unas características concretas y descubren que esta debe de ir colapsándose a consecuencia de la gravedad hasta alcanzar un punto en el que la materia de la estrella se ha comprimido tanto que genera un campo gravitatorio tal que no permite que nada escape de ella, ni siquiera la luz. Pasados unos años, a comienzos de la década de los 50, el físico norteamericano John Wheeler inspirado por el trabajo de Oppenheimer y Snyder prosiguió con el estudio de la relatividad general y los agujeros negros y acabaría dando el nombre con el actualmente conocemos a los agujeros negros en el curso de una conferencia en 1967. 

Ahora bien, que puede llevar a una estrella a comprimirse tanto como para generar un campo gravitatorio tan intenso que no permita ni que la luz escape de ella. Es decir como puede una estrella transformarse en un agujero negro. Vamos a explicar brevemente este proceso aunque no el único modo de formación de un agujero negro.

Una estrella, y vamos a simplificar quizás en exceso, se mantiene en un estado de equilibrio entre su propia gravedad que la empuja a contraerse y la presión que se genera al quemar esta su combustible, que transforma en energía y produce un empuje hacia fuera que contrarresta el tirón gravitatorio. Este equilibrio hace que la estrella ni colapse ni estalle, pero a medida que va agotando su combustible y en función de una serie de parametros, como su masa y su radio, pueden ocurrir varias situaciones. Cuando la estrella empieza a agotar el combustible si su masa supera un valor conocido como límite de Chandrasekhar, aquella no será capaz de contrarrestar el tirón gravitatorio y empezará a comprimirse aumentando su densidad. Si la masa de la estrella tiene entre 3 y 5 veces la masa solar la contracción tiene un límite y se termina formando un estrella de neutrones. Si por el contrario la masa es superior, la fuerza de la gravedad de la estrella no tiene nadie que la pueda contrarrestar y gana la partida , el proceso de colapso gravitatorio es inevitable y la estrella se convertirá en un agujero negro.

Como hemos explicado anteriormente, pero ahora en el marco de la relatividad general, la masa de la estrella deformará de una manera tan brutal el espacio tiempo circundante que nada (ni nadie) incluida la luz puede escapar a este tirón gravitatorio provocado por la deformación del espacio tiempo. Alrededor del agujero negro se forma una superficie imaginaria denominada horizonte de sucesos, se trata de la frontera a partir de la cual si algo cruza ya no podrá volver puesto que quedará sometido irremediablemente al enorme tirón gravitatorio. Todo lo que se acerque al agujero negro y cruce esta última frontera ya no podrá regresar...


Y llegados a estas alturas habréis podido comprobar que nos hemos extendido quizás más de lo inicialmente presupuestado y sólo hemos hablado de uno de los términos que mencionábamos al comienzo de este post. Así que no nos queda más remedio que dejar para futuras entradas la explicación de los otros conceptos. Espero poder haber arrojado algo de luz sobre los agujeros negros y sólo recomendaros que si os acercáis a alguno tengáis cuidado de no atravesar esa última frontera denominada horizonte de sucesos...


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domingo, 14 de septiembre de 2014

A veces veo SuperLunas...



Hace pocos días los medios de comunicación volvieron a informarnos del fenómeno de una SuperLuna de tamaño descomunal que íbamos a poder presenciar para nuestro gozo y deleite. Como han sido muchas las noticias que ha generado este hecho pero parece que lo único que importa es vender algo "extraordinario" y cuanto menos se explique sobre el asunto en cuestión mejor, pues decidí despertar al Blog de su reposo estival y dedicar una entrada al susodicho tema. En realidad, esto sucedió con la anterior SuperLuna, el 10 de Agosto, y como pudisteis comprobar los que seguís el blog finalmente no escribí nada y dejé que el blog y yo siguiéramos descansando meditando. Pero una vez metidos en el mes de Septiembre y con motivo de una nueva SuperLuna (9 de Septiembre) pues he decidido lanzarme y así inaugurar este nuevo curso con esta entrada. Vamos allá...

Antes de empezar, vamos a repasar algunas cuestiones básicas de astronomía necesarias para nuestro propósito. Y dicho sea de paso conviene recordar que el termino SuperLuna fue acuñado por un Astrólogo (Richard Nolle) allá por 1979.
La Luna en su camino alrededor de la Tierra no describe una órbita circular. Si así fuera, su trayectoria sería una circunferencia y en consecuencia la distancia Tierra-Luna se mantendría constante, es decir no variaría a lo largo de su trayectoria. En lugar de ello la Luna orbita  nuestro planeta describiendo una elipse (realmente su movimiento es mucho más complejo pero para nuestro propósito con esto nos basta) lo que implica que la distancia Tierra-Luna no sea constante y exista un punto de máximo acercamiento y otro de máxima distancia. A estos puntos se los conoce, respectivamente, como perigeo (cuando la Luna está a su mínima distancia de la Tierra) y apogeo (cuando la distancia es máxima). De forma aproximada podemos dar como datos una distancia de 365.355 km para su máximo perigeo y de 406.725 km para su máximo apogeo. No todos los perigeos están a la misma distancia (e igual ocurre con los apogeos). El cálculo de la órbita de la Luna es muy complejo por las multitud de influencias que soporta, como las del Sol, la propia Tierra y el resto de los planetas, por lo que su órbita va cambiando. Por eso los datos de máximo perigeo-apogeo anteriores están referidos a un periodo de 5.000 años (desde 1999 hasta 3000).


Izquierda Luna en perigeo - Derecha Luna en apogeo.

Una vez dicho esto, podéis comprobar fácilmente que la Luna en su camino alrededor de la Tierra va cambiando la distancia a esta teniendo un punto donde se encuentra más cerca (perigeo), y otro donde se halla más lejana (apogeo). Así, es fácil deducir que el tamaño aparente de la Luna tiene que ir cambiando según esta se acerque o se aleje. Pues bien, cuando ocurre una luna llena cerca del perigeo (máximo acercamiento lunar) se habla de SuperLuna, recordemos que el termino procede de la astrología, aunque el fenómeno físico es real: una Luna llena más cercana. Hemos dicho que el tamaño aparente de la Luna tiene que cambiar al estar más cerca, ahora bien es casi imperceptible. Tendríamos que poner la SuperLuna al lado de otra Luna llena en apogeo (cuando está más lejos) para poder apreciar la diferencia, ya que el aumento de tamaño es de un 14% aproximadamente. Por eso a simple vista es difícil de apreciar puesto que tendríamos que comparar de memoria no ya con una Luna llena "normal" si no con una en su tamaño aparente mínimo posible (apogeo). Asimismo en estas SuperLunas el aumento de brillo se cifra en un 30%. No obstante cuando los medios de comunicación se hacen eco de esta noticia suelen acompañarla de unas fotografias con unas Lunas enormes que nos hacen ver que "realmente" a simple vista el suceso es facilmente apreciable. Pero este es otro fenómeno, muy interesante, pero ajeno a la SuperLuna, que tienden a mezclar, imagino que para dar más vistosidad a la noticia y sin explicar en absoluto. Vamos a explicarlo pues...

Seguro que todos habéis visto de vez en cuando unas Lunas enormes, y todos hemos dicho alguna vez "que pedazo de Luna hay hoy...". Esto se produce cuando la Luna, también vale para el Sol, está cerca del horizonte y no es ni más ni menos que una ilusión óptica. Si, una ilusión óptica. Aunque seríais capaces de asegurar que la Luna cercana al horizonte era realmente más grande que una vez ascendida sobre el cielo no sería verdad en absoluto. Hablamos de tamaño aparente lógicamente, pero por si acaso. Así es, esa Luna enorme "tan baja" tiene el mismo diámetro angular, 0.5º, que unas horas más tarde cuando se encuentra mucho más alta y parece más pequeña. Parecen distintas ¿verdad? Por eso es una ilusión óptica. Es nuestro cerebro el que hace esta interpretación errónea confundiéndonos. 
El porqué de esta ilusión óptica es algo que ha despertado la curiosidad de la humanidad desde hace más de 2500 años. Ya en tablillas mesopotámicas allá por el siglo VII a.c. se da cuenta del hecho y Ptolomeo, en el siglo II, dio una explicación al fenómeno. Según él , este hecho se producía porque un cuerpo cerca del horizonte, donde tenemos objetos de referencia para comparar, parece estar más lejos y por lo tanto tendemos a creer que tiene que ser más grande que otro del que no tenemos referencias posibles.  Esta explicación a día de hoy está descartada, pero a pesar de los numerosos estudios y experimentos que se han llevado a cabo sigue sin haber una explicación aceptada por la comunidad científica. Entre otras muchas se han propuesto las siguientes: la atmósfera influye en la visión de la Luna, alterando la percepción que tenemos de esta; el hecho de tener que alzar la vista para ver la Luna cenital es el motivo; cuando está cerca del horizonte vemos menos espacio a su alrededor y nos parece más grande que cuando está en el cenit rodeada de vacío... En definitiva son muchas las explicaciones dadas sin que ninguna de ellas parezca satisfacer plenamente. Pero una cosa está clara, la ilusión óptica se produce, pero es eso, una ilusión. Y para que podamos comprobarlo facilmente existen varios metodos relativamente sencillos con los que podemos "ganar" al cerebro y eliminar el engaño. Algunos son muy sencillos de llevar a cabo pero más sujetos a error y otros más elaborados y por ende más fiables. Veámoslos.

- Hemos dicho que el diámetro angular de la Luna llena es de 0.5º. La uña de nuestro dedo meñique manteniendo el brazo extendido es de 1º. Es decir la Luna tiene que ocupar media uña. Podemos hacer esta prueba con la Luna en el horizonte y luego cuando se encuentre más alta. 

- Utilizando una llave de cerradura "normal", podemos estirar el brazo y hacer coincidir el orificio con la Luna. Aunque parezca mentira la Luna entrará. Igualmente repetiremos la operación con ambas Lunas. 

Herramienta de alta precisión.

 -Un método más elaborado pero más fiable es el siguiente. Necesitamos preparar el siguiente utensilio. Cogemos un listón de madera de 114 cm y clavamos en uno de sus extremos dos clavos separados por 1 cm de distancia. Mirando por el otro extremo encajamos la Luna y volvemos a hacer igualmente ambas mediciones.


En todos los casos descubriremos que la Luna en ambas mediciones es exactamente igual y que es nuestro cerebro el que nos engaña mediante esta ilusión óptica haciéndonos creer que es mayor cuando se encuentra baja sobre el horizonte.

Aclarados estos puntos me gustaría hacer la siguiente reflexión ¿El hecho de que la Luna sobre el horizonte realmente no sea mayor nos impide disfrutar de este bello espectáculo? Evidentemente no. No sólo no nos priva de esta gran visión que nos trae unas bellas estampas si no que además podemos disfrutar del espectáculo siendo conscientes del engaño al que estamos siendo sometidos por parte de nuestro cerebro mediante esta ilusión óptica. Es decir aunque la Ciencia no nos de, a día de hoy, una explicación del porqué del fenómeno, si nos permite desenmascarar el engaño. 
 La Ciencia cuando explica algo, aunque en este caso aún no lo haya hecho, aunque lo que si que ha demostrado es que muchas de las hipótesis no son correctas, nos permite disfrutar del hecho de una manera mayor. Este hecho me recuerda las palabras que dedicó Richard Dawkins en su libro "Destejiendo el arco iris" al poeta Keats. Este acusaba a Newton de haberle "robado" el encanto al arco iris al haberlo reducido a una explicación puramente física a lo que Dawkins contestaba que no sólo no le había quitado nada de su poesía sino que le había añadido una explicación racional y científica. Sumando no restando. ¿Podemos contemplar un arco iris extasiándonos ante su belleza? Sí, y si pensamos en el fenómeno que hay detrás y que la Ciencia explica podemos extasiarnos aún más. 

Y dicho esto os dejo...me tengo que ir... que a veces veo... SuperLunas...


"Esta entrada participa en la edición LVI del Carnaval de la Física alojado en esta ocasión en el siempre recomendable blog High ability dimension"


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